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La luz dura del verano

AAA_4425low&SIGN5785184low _AA80918low&SIGNFFF_5944lowCreo que la primera lección que debe recibir un fotógrafo es saber qué quiere decir el termino fotografía y en ello buscar el sentido a lo que atiende este arte. Para mi el concepto luz, el concepto línea es algo que tengo muy presente. Es algo tangible con lo que uno puede comenzar a mover fichas. Lo demás existe, pero es solo en ocasiones lo que doblega a estos conceptos. Hablo de “ser artista” de tener dotes para en un rectángulo expresar cosas de un modo ordenado para la recepción de nuestro _AA89522-Exposurecerebro. En este concepto medito la mayor parte del tiempo y paso repaso a muchas de mis imágenes, buscando mis propios errores y aciertos. Nunca llego a las mismas conclusiones, porque juzgo mi trabajo y sólo yo lo juzgo. No soy objetivo o sí lo soy. El caso es que la semana pasada necesitaba encontrar una motivación para decir “qué luz más buena”  cuando la mayoría de las veces y más en nuestros contornos geográficos es sabida la dureza de la misma y la falta de elementos coloristas que pueden rodear a una imagen. Entonces tire de un viejo lema que me alegra recordar en las ocasiones criticas: “Mientras hay luz hay imagen. Juega” Por ello me lancé a hacer aquella foto a la que en otra ocasión esperaría una especie de magia conjunta. Por un lado, me llevé a dos alumnos a un lugar que no sería el más indicado por las fechas. Les tenía que demostrar cual era _AA89854el poder de la fotografía. Las herramientas las teníamos, el conocimiento, pues la verdad es que también. Entonces ¿qué variables tenían que intervenir para convertir algo que al ojo humano les costaba reconocer como maravilloso? Fue cuando les hablé de mirar dentro del paisaje. Ellos hicieron sus fotos y yo esperé un poco más, cuando la luz prácticamente había desaparecido dentro de los parámetros técnicos. Ahora era el momento de demostrarles la primera de las lecciones. Así con parsimonia y un golpe de flash (a los cardos) saqué color a algo que costaba ver que tuviera color fotográfico. La segunda de las lecciones de luces veraniegas la di la semana pasada. No digo lo que marcaba el termómetro del coche y lo dura que era la luz cenital de esas 14,00. A mi favor las pocas nubes flotantes que aparecieron y la hora en la que los girasoles de aquel enorme cultivo se orientaban correctamente, mostrando su amarillo rabioso. Quizá ni yo hubiera apostado demasiado por aquella imagen hasta que la vi bien encuadrada.

Ahora pensé en cuantas imágenes de escalada habíamos hecho sin respetar que la luz fuese “maravillosa” Llegar a la conclusión de que existen otros factores también es importante.