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CORAZON PARTIO

Este título con reminiscencias de canción pop me vale para expresar el sentimiento que tengo ante ciertas situaciones en las que me encuentro divido. Choca el celo por conservar, por dejar a la sombra lugares, por admirar de un modo casi exclusivo ciertos paisajes, también por escalar en paz en paredes no conocidas. En definitiva me enfrento a mi profesión de periodista y de fotógrafo y a mi propio carácter de querer compartir con los demás aquello con lo que uno disfruta. Me enfrento a ser egoísta a pensar que la mayoría no debe pisar ciertos lugares a creer que sólo unos cuantos son los elegidos para disfrutar de lo inédito. En ocasiones hago un lema de luchar contra el silencio, contra la desinformación y me paso al bando odiado, pero tengo la conciencia tranquila por unos momentos.  Sé que después las cosas se tuercen, puesto que abrir puertas a mucha gente es un modo de probabilizar los problemas que se irán presentando como una cadena de acontecimientos. Este fin de semana, en el Taller de fotografía que impartí en el parque natural de los Alcornocales vuelvo a descubrir rincones inéditos a mucha gente. Es un modo de mostrar que la foto increíble existe cerca. De que no hay que ir a lugares indómitos y remotos. De que simplemente la hermosura de algo necesita otros ingredientes. En este caso una buena técnica. Esos lugares en los que la fotografía es un escaparate del paisaje, un tesoro a salvaguardar, un reino sin descubrir. Si lo abro, si lo divulgo, hay más probabilidades de que se haga masivo.  Qué equilibrio más difícil. Todo esto lo pienso cuando me encontraba a unos metros de un gran espectáculo visual de la naturaleza-una legión de buitres leonados y alguno negro planeaban a placer en un mar de bosques impenetrables- y al mismo tiempo tenía la noticia de una nueva regulación de otra zona de escalada (Loja. En la foto). Qué hacer. Los lugares se hacen frágiles porque estamos haciendo presión en ellos, pero al mismo tiempo queremos que la naturaleza los decore, que no esté ausente. Por un lado pienso que es una gran noticia que un ejemplar amenazado se sienta seguro en un lugar y que continúe la cadena de la vida. Luego me gustará encontrarme con él, fotografiarlo, disfrutar de su presencia. Es bueno defender la fragilidad a la que estamos empujando al medio- es el angelito de mi oreja derecha- y por otro lado observo el arrinconamiento al que se somete al deporte de montaña y donde surge el pensamiento primitivo de amenaza ante algo que impide hacer aquello que uno quiere. Mi profesión -divulga- choca con mi pasión. La balanza se mueve de un lado al otro según donde me encuentre. Lo vuelvo a meditar en los pensamientos de horas de espera que hay que hacer para conseguir una buena foto de uno de los reyes de nuestra fauna ibérica.

Si antes descubrías algo, es decir lo publicabas en un libro, en una revista, en un periódico, en un reportaje. El público lo admiraba, admitía que era una información y no iba más allá. Hoy todo esto está cambiando. La difusión y la rapidez que planea en nuestro día a día hace que las fotos vuelen de un lado a otro transmitiendo mensajes erróneos o puestos en manos de un publico que no es el adecuado.

 

 

 

 

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